En los últimos 40 años, el packaging para alimentación ha protagonizado una auténtica revolución. Desde la irrupción de las primeras bolsas “soldadas” hasta la infinita variedad de personalizaciones, sistemas de conservación y experiencias de uso que hoy vemos en los lineales, el recorrido ha sido vertiginoso, explica Francisco Bernal, director general de SPG.
En su participación en la Edición Especial del 40 Aniversario de la Revista Financial Food, Bernal señala que “lo más significativo, sin embargo, no es solo la evolución técnica, sino el impacto directo que el envase ha tenido en la vida de las personas: ha permitido llevar alimentos a más lugares y conservarlos durante más tiempo, facilitando el hábito de comer fuera de casa o garantizando que quienes carecen de tiempo o conocimientos culinarios puedan acceder a comidas de alta calidad. El packaging ha transformado desde la dinámica de los supermercados hasta la manera en que organizamos nuestras cocinas. Y en restauración, se ha convertido en una pieza clave para acercarnos sabores de culturas lejanas”.
“Para nuestra empresa, este proceso de cambio ha supuesto un reto y una oportunidad. Nos ha exigido evolucionar hacia un centro de alta tecnología, donde la innovación y la trazabilidad son pilares esenciales. Solo así es posible responder a las exigencias actuales y ofrecer las máximas garantías que demanda un mercado tan dinámico y competitivo como el de la alimentación”, ha añadido.
En cuanto a los grandes retos y oportunidades que definirán el futuro del sector, Bernal explica que “el gran desafío de los próximos años —en el que el sector ya está plenamente inmerso— será responder a la urgencia medioambiental y a la continua evolución de la normativa, sin renunciar a la calidad y a la seguridad alimentaria que caracterizan a nuestros productos. Todo ello, además, con un requisito ineludible: mantener precios asequibles”.
Asimismo, asegura que “en un contexto de encarecimiento sostenido de la cesta de la compra, la sostenibilidad no puede convertirse en un lujo reservado únicamente para los productos “premium”. El verdadero reto está en democratizar el acceso a envases responsables con el entorno, sin sacrificar ni la excelencia técnica ni la protección del alimento”.
“A esto se suma una oportunidad clave: lograr que toda la cadena de valor trabaje de manera integrada bajo una estrategia común que aborde la gestión del residuo. Desde los fabricantes de resinas hasta los sistemas de reciclaje y vertederos, todos los actores deberán alinearse para garantizar un modelo más circular y eficiente”, concluye.










