Los mayores de 55 años se consolidan como un colectivo de creciente relevancia para el consumo, con unos hábitos cada vez más orientados al bienestar y al cuidado personal. Dentro de esta evolución, la alimentación ocupa un lugar central: el 75% de los sénior asegura que cuida su alimentación, mientras que el 57% realiza ejercicio físico de forma habitual. Así lo recoge el VI Barómetro del Consumidor Sénior, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, que analiza los hábitos y comportamientos de este colectivo y pone de manifiesto su alejamiento de algunos de los estereotipos tradicionalmente asociados a la edad.
La preocupación por la salud se refleja también en otras decisiones relacionadas con el consumo y los hábitos cotidianos. El 53% se realiza chequeos médicos preventivos, el mismo porcentaje evita el consumo de alcohol y tabaco y el 50% respeta las horas de sueño. Además, estas prácticas saludables aumentan a medida que avanza la edad.
Esta mayor atención al bienestar configura un consumidor que concede importancia a las decisiones vinculadas con su calidad de vida y que incorpora progresivamente hábitos orientados a un envejecimiento saludable.
Alimentación y bienestar
La alimentación se sitúa entre los ámbitos prioritarios para este colectivo. El 75% de los mayores de 55 años afirma cuidar su alimentación, una actitud que se integra en un estilo de vida más activo y centrado en el bienestar.
A ello se suma la práctica habitual de ejercicio físico, que alcanza al 57% de los sénior, cerca de seis de cada 10. El estudio refleja así un perfil de consumidor alejado de la imagen de sedentarismo que tradicionalmente se ha asociado a las personas mayores. La dimensión emocional también forma parte de este nuevo perfil. El 79% se declara bastante o muy feliz y el 38% asegura cuidar activamente su salud emocional. Este último porcentaje alcanza el 43% entre quienes tienen entre 60 y 64 años.
La actividad social y cultural completa un patrón de consumo y de estilo de vida más activo: el 53% participa en actividades sociales y el 72% en actividades culturales.
La relación de los sénior con la tecnología también está cambiando. El 28% utiliza herramientas digitales relacionadas con la salud, como la telemedicina, tres puntos porcentuales más que en la edición anterior del informe. Aunque todavía se trata en buena medida de un uso ocasional —el 67,8% de quienes recurren a estas herramientas las utiliza de forma puntual—, los datos apuntan a una progresiva incorporación de la tecnología a sus hábitos relacionados con el bienestar.
Según Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, existe una tendencia clara hacia la digitalización de la salud entre la población sénior, aunque el reto pasa por favorecer un uso más frecuente, autónomo y confiado.
Un colectivo alejado del consumo pasivo
El perfil que dibuja el barómetro muestra, en definitiva, a un consumidor sénior más activo y preocupado por su bienestar. La alimentación, el ejercicio, la prevención, las actividades sociales y culturales y, progresivamente, las herramientas digitales forman parte de un estilo de vida en el que ganar calidad de vida adquiere un peso creciente.
Este comportamiento aleja al colectivo de la visión tradicional de los mayores como consumidores pasivos y plantea una realidad en la que las decisiones de compra y los hábitos de consumo están cada vez más vinculados a la búsqueda de bienestar, autonomía y calidad de vida.
Para las empresas de alimentación y retail, esta evolución pone de relieve la importancia de comprender a un consumidor sénior que no responde a un único perfil y que incorpora de forma activa la alimentación y el cuidado personal entre sus prioridades.










