La vuelta a las aulas tiene un importante reflejo en el presupuesto familiar. El 50% de los hogares declara gastar entre 20 y 100 euros en alimentación pensando en la vuelta al cole. En concreto, un 29% sitúa el desembolso entre 20 y 50 euros y otro 21% entre 50 y 100 euros. A ellos se suma un 17% que afirma gastar más de 100 euros, mientras que un 11% mantiene el desembolso por debajo de los 20 euros, según el último barómetro mensual de Gelt, que ha analizado los hábitos de compra vinculados a la vuelta al cole entre hogares con hijos de entre tres y 18 años.
“Pero uno de los datos más significativos no está en cuánto se gasta, sino en el desconocimiento sobre ese gasto”, afirma Guillermo Peña, Global Revenue Director de Gelt. “El 21% de las familias reconoce que no sabría decir cuánto destina a estas compras, un porcentaje incluso superior al de quienes desembolsan más de 100 euros”, asegura.
Esta falta de control sobre el desembolso convive con un perfil de comprador muy definido. Siete de cada diez responsables de gestionar la compra escolar son mujeres y cerca de tres de cada cuatro viven en pareja con hijos en el hogar. Además, casi seis de cada diez hogares participantes declaran unos ingresos netos mensuales de entre 1.000 y 3.000 euros.
Salud por encima de precio
El trabajo también confirma que la salud se impone al precio a la hora de llenar la cesta de la compra para la vuelta al cole. El 51% de los hogares con hijos en edad escolar señala que su principal criterio al elegir alimentos es que sean saludables o nutritivos, frente al 18% que prioriza la practicidad, el 17% que se fija principalmente en que gusten a sus hijos y solo un 11% que sitúa el precio como primer factor de decisión. “Es decir, la salud pesa casi cinco veces más que el precio”, explica Guillermo Peña.
Los datos dibujan una cesta en la que los productos asociados a una alimentación saludable ocupan las primeras posiciones. El 58% compra fruta y snacks saludables específicamente pensando en la vuelta al cole y otro 58% adquiere lácteos y yogures. Seguido, aparecen los alimentos para el tupper con un 46%; los cereales y galletas de desayuno, con un 44%; y los zumos y bebidas, con un 42%. Los snacks para el recreo alcanzan el 32%.
Negociar la cesta de la compra
Aunque los datos muestran una clara preferencia por los productos saludables, la decisión final no siempre depende únicamente de los padres. Cuando el alimento favorito de sus hijos no es la opción más saludable, el 49% busca una alternativa que reúna ambas condiciones, que sea más sana y que también les guste.
En el resto de los hogares entran en juego otras fórmulas. Un 21% negocia con sus hijos y alterna el consumo, mientras que un 16% termina comprando el producto que prefieren porque prima que coman a gusto. Otro 14% reconoce que la decisión depende del producto o del momento. De este modo, un 37% acaba negociando o cediendo directamente ante las preferencias de sus hijos, pese a que la salud aparece con diferencia como el principal criterio declarado de compra.
“Los datos muestran una aparente contradicción muy interesante en el comportamiento de compra. La salud se ha consolidado como el principal criterio para las familias, muy por encima incluso del precio, pero la decisión final se construye también dentro de casa y los hijos tienen capacidad para influir en lo que termina entrando en la cesta”, señala Peña. En este sentido, “Para las marcas, entender esa negociación familiar es especialmente relevante para saber qué mueve realmente una decisión de compra”, concluye.










