El consumidor español encara el otoño sin motivos suficientes para levantar el pie del freno. Las expectativas sobre la economía y los ingresos de los hogares han mejorado ligeramente durante el verano, pero este avance todavía no se traduce en una mayor disposición al gasto. De hecho, el indicador de consumo se mantiene en -20 puntos, el mismo nivel que registraba en junio.
Es una de las principales conclusiones de la última edición del GfK NIM Euro Clima de Consumo, que analiza las expectativas de los consumidores en 29 países europeos en cuatro ámbitos: economía nacional, ingresos familiares, gasto de los hogares y evolución de los precios. El escenario que dibuja el estudio de cara a los próximos meses es de contención del consumo. En España, la confianza en la evolución de la economía continúa avanzando a un ritmo muy reducido, mientras las expectativas sobre los ingresos tampoco terminan de recuperar terreno. A ello se suma un repunte de la preocupación por los precios durante julio y agosto.
Para fabricantes y distribuidores, el comportamiento del consumidor sigue marcado, por tanto, por la prudencia. La ligera mejora de algunos indicadores no parece suficiente para impulsar una recuperación de la demanda.
La economía mejora, pero a paso lento
El indicador que mide las expectativas sobre la evolución de la economía española cerró agosto en -25 puntos, apenas tres puntos por encima del dato de junio. La cifra muestra la dificultad para recuperar la confianza perdida durante la primavera. En abril, el indicador había caído hasta los -30 puntos y, cuatro meses después, solo ha conseguido recuperar cinco puntos. Además, continúa lejos de los -12 puntos registrados en octubre del pasado año.
España presenta también una evolución más lenta que otras grandes economías europeas. Desde abril, Alemania ha recuperado 10 puntos y ha cerrado agosto en -4. Reino Unido ha avanzado 25 puntos durante el mismo periodo, hasta situarse en -9. Italia y Francia también han registrado avances significativos desde abril, aunque mantienen indicadores muy negativos: -30 puntos en el caso italiano y -34 en el francés. La evolución española se refleja también en el ranking de los 29 países analizados. España ha pasado del puesto 14 en marzo al 22 en agosto.
En el conjunto de la Unión Europea, las expectativas económicas se sitúan en -20 puntos, lo que confirma que la cautela no es exclusiva del consumidor español.
La percepción sobre los ingresos familiares ofrece una fotografía similar. El indicador español cerró agosto en -5 puntos, dos puntos por encima de junio, pero todavía en terreno negativo. El dato adquiere especial relevancia porque las expectativas de ingresos fueron las últimas en entrar en valores negativos este año. En marzo todavía eran positivas, pero en abril descendieron hasta -11 puntos y desde entonces la recuperación ha sido limitada.
La situación contrasta con la evolución registrada en otros grandes mercados europeos. Alemania ha terminado agosto en +2 puntos y Reino Unido en +6, después de importantes avances desde abril. Francia se mantiene en -13 e Italia, pese a haber recuperado 12 puntos desde abril, continúa en -38.
España ocupa ahora la posición 17 en este indicador, después de haber alcanzado la undécima en junio. Aun así, el resultado nacional es mejor que la media europea, situada en -10 puntos.
La subida de los precios de los carburantes y su impacto sobre otros productos cotidianos, junto con el comportamiento de las cuotas hipotecarias, aparecen en el análisis como elementos que pueden estar detrás de la percepción de los hogares.
El consumidor mantiene el control del bolsillo
La evolución de las expectativas económicas y de ingresos tiene su reflejo más directo en el indicador que mide la disposición al consumo. En España, el índice terminó agosto en -20 puntos, exactamente el mismo nivel que en junio. Durante julio llegó a mejorar ligeramente, hasta -17, pero volvió a retroceder al finalizar el verano.
El dato apunta a una demanda que continúa contenida. Las familias no parecen dispuestas a realizar grandes desembolsos en los próximos meses y mantienen la estrategia de control del gasto iniciada en marzo.
Para Antonieta Martín, responsable del estudio en España, el pequeño avance registrado en las expectativas económicas y de ingresos todavía no tiene reflejo en la intención de gastar. “Los datos muestran un mínimo repunte en las expectativas sobre la economía y los ingresos familiares, pero esa reducida mejora aún no se refleja en la intención de gastar”, explica.
La responsable del estudio considera que el consumidor español continúa actuando con cautela y que el hecho de asumir la inflación como parte de su vida cotidiana no significa que cualquier mejora de los ingresos se traduzca automáticamente en un incremento del consumo. “De momento, no hay señales de que la demanda vaya a acelerarse”, concluye.
España se sitúa en el puesto 22 de los 29 países analizados en cuanto a disposición al gasto, frente al 18 que ocupaba en junio. Reino Unido (-8), Alemania (-10) e Italia (-15) presentan mejores registros. La media de la UE se sitúa también en -20 puntos.
El otro factor que condiciona las expectativas de los hogares es la evolución de los precios. Tras una cierta mejora en junio, la preocupación volvió a aumentar durante julio y agosto. Aunque el indicador no alcanza los niveles registrados en marzo y abril, los consumidores españoles terminan el verano sin esperar una estabilización de los precios durante los próximos meses.
El comportamiento se repite en el conjunto de la UE y en mercados como Alemania y Francia. Italia registra una evolución diferente, con un ligero repunte del optimismo, aunque sin que ello implique una expectativa de descenso de los precios.
El informe sitúa parte del deterioro de la confianza registrado en primavera en el contexto del conflicto en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz. Los posteriores anuncios de alto el fuego no han eliminado la incertidumbre y, según GfK, los ataques continúan en Oriente Medio mientras los precios de los combustibles siguen al alza. Para el consumidor, este escenario añade un elemento más de incertidumbre a la hora de valorar sus gastos futuros.
Europa tampoco levanta el pie del freno
La prudencia española forma parte de un escenario más amplio. En Europa, las expectativas económicas cerraron agosto en -20 puntos, frente a los -19 de julio, aunque mejoraron cuatro puntos respecto a junio. Hungría mantiene el primer puesto del ranking en este indicador, con +34 puntos, aunque perdió nueve puntos en agosto. También registraron descensos importantes Letonia, Chequia e Irlanda.
En cuanto a los ingresos, el indicador europeo avanzó tres puntos entre julio y agosto, hasta -10. Alemania protagonizó una de las mejoras más destacadas, con 16 puntos, seguida de Dinamarca (+7), Grecia (+6) y Reino Unido (+5). Hungría volvió a situarse al frente, con +26 puntos.
La disposición al gasto, sin embargo, permanece estancada en -20 puntos en Europa. Francia, Polonia, Hungría y Croacia perdieron cinco puntos durante agosto. Las expectativas sobre los precios tampoco ofrecen un escenario de mayor tranquilidad. Vuelven a aumentar en Europa, reflejando una preocupación creciente por una posible escalada de la inflación. Francia, Reino Unido, Rumanía y Hungría se encuentran entre los países que esperan mayores subidas.
El conjunto de los indicadores dibuja un consumidor que, al menos por ahora, no encuentra suficientes razones para aumentar su gasto. En España, la economía mejora muy lentamente, los ingresos apenas recuperan terreno y la disposición al consumo permanece en -20 puntos. Mientras tanto, la evolución de los precios vuelve a generar preocupación.
Para el sector de la alimentación y la distribución, el escenario que refleja el estudio es el de un comprador que continúa priorizando la prudencia y mantiene bajo control sus decisiones de gasto. Los pequeños avances en confianza todavía no han conseguido trasladarse a una mayor intención de consumo.
El otoño comienza así con una recuperación de la confianza todavía pendiente y con la demanda condicionada por la percepción que los hogares tienen sobre su economía, sus ingresos y el comportamiento futuro de los precios.










