Los jóvenes de entre 25 y 34 años son los españoles que destacan por incluir más productos frescos en su dieta (57,8%). En cambio, si se observa a la población general, solo un 25,6% asegura que más de la mitad de lo que come es fresco, mientras que la mayoría (50,5%) sitúa este consumo entre un 25% y un 50%.
Estos resultados evidencian que, aunque existe cierta conciencia sobre la importancia de una dieta equilibrada, todavía persisten carencias en cuanto a la calidad real de los alimentos que se consumen en el entorno laboral. Así lo revela el estudio “Hábitos alimentarios en el entorno laboral”, elaborado por Cigna Healthcare España, en el que analiza cómo el entorno laboral influye de manera decisiva en los hábitos alimentarios y en el bienestar de los equipos.
En concreto, el trabajo revela que el 67% de los empleados en España reconoce recurrir a la alimentación emocional, es decir, comer para gestionar el estrés o la ansiedad durante la jornada. Ante esta realidad, un 52,4% señala que la falta de tiempo y de organización impacta directamente en la calidad de su dieta, y casi la mitad admite que cuando trabaja bajo presión tiende a comer con mayor rapidez, a elegir opciones poco saludables o incluso a saltarse comidas.
En este sentido, un 34,2% de los encuestados reconoce explícitamente que una dieta adecuada mejora su concentración y productividad, aunque la percepción general de los propios hábitos es ambivalente, ya que un 51,2% considera que sus hábitos alimentarios en el trabajo son buenos, mientras que un 42,6% admite que todavía tienen margen de mejora.
En cuanto a los patrones alimentarios, se confirma que la dieta mediterránea sigue siendo la más seguida en España, con un 55% de adhesión, elevándose hasta el 61,4% entre los mayores de 55 años. Paralelamente, un 83,2% afirma llevar una dieta variada, mientras que las dietas específicas continúan teniendo una presencia muy reducida, como es el caso de la vegetariana (3%), la vegana (1,8%) o la sin gluten (1,9%).
Impacto del teletrabajo en los hábitos alimentarios
El teletrabajo aparece como un factor que puede mejorar los hábitos alimentarios, aunque también plantea ciertos riesgos. La mayoría de quienes lo practican lo valora de forma positiva y un 59,8% afirma que su dieta ha mejorado, mientras que un 61% ha incrementado el consumo de frutas y verduras. Asimismo, se observa que el impacto es especialmente alto entre los más jóvenes, con un 62,5% en el grupo de 25 a 34 años y un 64,6% en el de 35 a 44, mientras que en el caso de los mayores de 55 años el porcentaje desciende al 46,1%.
La posibilidad de disponer de más tiempo para cocinar y el acceso a una cocina propia durante la jornada laboral explican en gran medida esta mejora. Además, un 35,7% de quienes teletrabajan asegura que planifica siempre sus comidas, aunque todavía un 25,3% admite que improvisa a diario.
Sin embargo, el trabajo en remoto también plantea riesgos. Un 46,5% de las personas que han participado reconoce que desde que teletrabaja pica más entre horas, un hábito que puede favorecer el aumento de peso y el consumo excesivo de calorías si no se acompaña de actividad física. El efecto es aún más acusado entre los menores de 35 años, donde el porcentaje alcanza el 62%. Además, el estudio apunta que el teletrabajo reduce la actividad física global al eliminar los desplazamientos, lo que puede incrementar el riesgo de sedentarismo.










