La industria española del dulce cerró 2025 con una facturación de 8.100 millones de euros, un 4,5% más que el año anterior, consolidando su crecimiento en un entorno marcado por la incertidumbre económica, las tensiones geopolíticas, la inflación de materias primas y las crecientes exigencias regulatorias y de sostenibilidad.
Según el Informe Anual 2025 de Produlce, las exportaciones volvieron a convertirse en el principal motor del sector, superando los 2.650 millones de euros y registrando un crecimiento del 10,5%. A pesar del incremento de las importaciones, que alcanzaron los 1.823,9 millones de euros, la industria mantuvo una balanza comercial positiva de 834 millones de euros, reflejo de la competitividad de los fabricantes españoles en los mercados internacionales.
En 2025, la demanda interna nacional representó cerca del 55% del negocio total del sector, es decir, de las ventas realizadas dentro de España de productos elaborados en el país. Aunque sigue siendo la principal fuente de actividad, su peso continúa reduciéndose de forma progresiva.
De hecho, la aportación del mercado doméstico se situó por debajo de los niveles registrados en los dos ejercicios anteriores, con una caída de 2,7 puntos porcentuales respecto a 2024 y de 4,5 puntos en comparación con 2023. Esta evolución refleja la creciente relevancia de los mercados internacionales, tanto por el aumento de las exportaciones como por la mayor presencia de productos importados en la oferta disponible para los consumidores.
La actividad exportadora ha sido determinante no solo para incrementar las ventas, sino también para sostener la inversión, la productividad y el empleo. «El sector alcanzó los 28.500 puestos de trabajo directos, manteniendo un elevado nivel de estabilidad laboral y una destacada presencia femenina», asegura Rubén Moreno, secretario general de Produlce. Además, los menores de 40 años representan cerca de la mitad de la plantilla, un dato que refleja la capacidad de atracción de talento de esta industria, «aunque estamos todavía lejos del empleo joven que alberga la industria alimentaria en general, lo que supone un gran desafío para el sector», señalaba el directivo durante la presentación de resultados.
No obstante, la industria del dulce registró un descenso del 1,6% en su tejido productivo, hasta los 11.376 establecimientos. Moreno asegura que se trata de «pequeños obradores» ya que las empresas representativas del sector no han registrado «ningún proceso de concentración». De hecho, mientras las categorías con base cereal (galletas, bollería y panificación) siguen tendiendo a la mayor concentración de actividad, los segmentos de caramelos, chocolates y productos navideños reparten la facturación entre un número mayor de competidores. De igual manera, cuando se analiza el número de empresas que concentra el 90% de la facturación, estos segmentos muestran una participación notablemente más alta, rondando en los tres casos la quincena de empresas, frente a las ocho que participan de esta cuota de mercado en los segmentos de galletas y panificación.
Preguntado por la rentabilidad del sector, Moreno señala el beneficio de las empresas del sector del dulce ha crecido un 11,3%, frente al 9% que registra la media de la industria alimentaria.
El consumo añade valor
El conjunto de las seis categorías que integran el sector contribuyó al avance del consumo en 2025. El cacao y el chocolate lideró el consumo con 2.323 millones de euros, creciendo un 10,3% respecto a 2024. Las galletas se situaron en 1.449 millones de euros de consumo y avanzaron un 1,4%, mientras que la pastelería y bollería alcanzó los 1.357 millones de euros (+3,6%). Por su parte, los turrones y mazapanes protagonizaron uno de los mayores saltos del ejercicio, con un avance del consumo del 10,8% hasta alcanzar unas ventas de 324 millones de euros solo en el mercado nacional.
Por su parte, la panificación (969 millones de euros) y los caramelos y chicles (855 millones de euros) mostraron un mejor comportamiento en el consumo que en la facturación, como consecuencia de os retrocesos en mercados exteriores. Así, el consumo avanzó un 1,5% y 5,7%, respectivamente, mientras las facturaciones caían un 0,4% y un 1,8%.











