Conservas La Brújula, parte de Grupo Delgado, sigue avanzando en su estrategia de gestión de los restos que genera su actividad con el fin de combatir el desperdicio alimentario.
Según ha explicado la compañía con motivo de la celebración del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, la elaboración de conservas de pescado y marisco genera, de forma inevitable, restos que no forman parte del producto final. En lugar de tratarlos como un desecho, la compañía dispone de una cámara de refrigeración específica donde los almacena hasta su recogida para transformarlos en materia prima para la fabricación de piensos animales. Solo en el último año, esta vía absorbió 35,3 toneladas, mientras que el ejercicio anterior alcanzó las 66,5 toneladas, lo que sitúa la media de los dos últimos años por encima de las 50 toneladas anuales.
Esta gestión se suma a un modelo de producción que parte del respeto por el ritmo del mar. La compañía adquiere pescados y mariscos únicamente en campaña y en las épocas de mayor calidad, siempre en lonja y bajo un criterio de compra muy estricto. Además, trabaja con las vedas, las paradas biológicas y la estacionalidad de cada especie, con una apuesta por la pesca artesanal y el producto de proximidad y por métodos tradicionales de bajo impacto, como la pesca del xeito o la del bonito con cebo vivo y curricán, que evitan descartes. Esta selección, con trazabilidad desde el punto de captura, cuenta con el aval de distintivos como el sello pescadeRías, la certificación MSC o la D.O.P. Mejillón de Galicia.
El mismo criterio se traslada a la fábrica, donde la elaboración sigue siendo artesanal. No se emplean cortadoras automáticas ni máquinas empacadoras. Son las damas de la conserva quienes seleccionan los tamaños y limpian cada pieza. Estas conservas, por su larga vida útil, contribuyen a reducir el desperdicio en el hogar, donde se concentra el mayor volumen según indica el Informe Anual de Desperdicio Alimentario.
Una depuradora biológica integrada en la fábrica
Como complemento, la fábrica cuenta con una depuradora propia que trata las aguas del proceso productivo antes de su vertido a la red municipal de alcantarillado. Se trata de una instalación que la compañía ha incorporado a su modelo de producción para complementar los requisitos habituales de su actividad. Está integrada en las instalaciones de la planta y es de tipo biológico: la depuración se realiza mediante microorganismos, sin emplear productos químicos.
El sistema consta de dos depósitos. En el primero, un filtro de rejilla retiene los sólidos de mayor tamaño, como escamas o espinas, y una bomba sumergible, regulada por dos boyas de nivel, envía el agua al segundo depósito. Este cuenta con un agitador y un colector de aireación, y es donde se lleva a cabo el tratamiento biológico propiamente dicho.
El funcionamiento es cíclico, con ciclos de 24 horas divididos en seis etapas: cinco horas de anoxia, trece de aireación, dos horas y media de anoxia, una hora de aireación, una hora de decantación y una hora y media de vaciado. Así, cerca del 60% del ciclo (14 horas) se dedica a la aireación, que permite a los microorganismos degradar la materia orgánica, mientras que las fases de anoxia, sin aporte de oxígeno, suman siete horas y media y contribuyen a reducir el contenido de nitrógeno. Tras la decantación, en la que los lodos se depositan, el agua tratada se evacúa a través de una arqueta de control. Además, a lo largo del año se realizan análisis periódicos del agua y, cuando los resultados lo aconsejan, se purgan los lodos a través de una empresa certificada.
Según afirma Ángel Sánchez Delgado, CEO de Grupo Delgado, «el desperdicio alimentario se combate en toda la cadena, y a la industria le corresponde hacer bien su parte y aprovechar al máximo lo que entra en fábrica, gestionando con rigor lo que no acaba en la lata”.










