La Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja ha dado un nuevo impulso a la protección y promoción de uno de sus principales activos vitivinícolas con la puesta en marcha de un proyecto pionero para identificar, certificar y señalizar sus Viñedos Viejos y Centenarios. La iniciativa, desarrollada durante los últimos cinco años por el Consejo Regulador, pone el foco en un patrimonio que sitúa a Rioja como la denominación con mayor superficie certificada de viñedo viejo y centenario de España.
El proyecto se ha presentado con la instalación del primer monolito identificativo de un Viñedo Centenario en una parcela situada en las inmediaciones de Elciego, un acto que marca el inicio de una estrategia destinada a dar visibilidad a estas explotaciones y acercarlas tanto a los profesionales como al público.
Tras un proceso de documentación, auditoría y verificación sobre el terreno, el Consejo Regulador ha identificado 8.642 hectáreas de Viñedo Viejo (plantado en 1980 o con anterioridad), lo que representa cerca del 13% de la superficie de la denominación. Además, ha certificado hasta el momento 240 parcelas de Viñedo Centenario, con una superficie de 74,83 hectáreas en las que al menos el 85% de las vides supera los cien años. A ello se suman otras 100,62 hectáreas en las que una parte significativa de las cepas también alcanza esa antigüedad.
El trabajo continuará próximamente con la revisión de las plantaciones realizadas en 1925 y 1926, susceptibles de incorporarse igualmente a este patrimonio.
La presidenta del Consejo Regulador, Raquel Pérez Cuevas, destacó que «no es casualidad que la mayor concentración de Viñedo Viejo y Centenario de España se encuentre en Rioja. Desde su creación, la Denominación ha construido su prestigio sobre una misma premisa: la búsqueda permanente de la excelencia, y esa apuesta histórica por la calidad explica que hoy conserve un patrimonio vitivinícola excepcional».
Primeros monolitos y mapa interactivo
Uno de los elementos más visibles del proyecto es la instalación de monolitos identificativos en las parcelas certificadas. El primero de ellos, elaborado en acero Corten e integrado en el paisaje, se ha colocado en un viñedo plantado en 1920, propiedad del viticultor José Antonio Rubio.
El Consejo Regulador ofrecerá próximamente a los propietarios de viñedos centenarios certificados la posibilidad de instalar un monolito similar en sus explotaciones, con el objetivo de crear una red de parcelas identificadas que contribuya a difundir este patrimonio.
Como complemento, la DOCa Rioja ha desarrollado un espacio específico en su página web con un mapa interactivo que permite consultar la localización georreferenciada de los Viñedos Centenarios certificados y acceder a la información de cada uno de ellos.
Durante la presentación, el director general del Consejo Regulador, Pablo Franco, subrayó que «no todo el patrimonio está en un museo, alguno sigue vivo». En su opinión, el proyecto busca preservar un legado colectivo y responder a una demanda creciente de autenticidad, origen y excelencia.
Aunque la presentación oficial se ha realizado ahora, la iniciativa comenzó en junio de 2021, cuando el Pleno del Consejo Regulador aprobó por unanimidad el Plan de Potenciación de los Viñedos Viejos y Centenarios. Desde entonces, los servicios técnicos han desarrollado un amplio trabajo de investigación documental y verificación sobre el terreno para identificar, definir y certificar estas parcelas.
La actuación forma parte de la Agenda Somos Rioja, impulsada por el Consejo Regulador para reforzar la identidad colectiva de la denominación. En concreto, se integra en el eje «Futuro Sostenible», centrado en la protección del paisaje, la rentabilidad del sector y el arraigo territorial.
Un patrimonio con valor enológico y ambiental
Desde el Consejo Regulador destacan que las viñas viejas y centenarias representan mucho más que un recurso agrícola. Su profundo sistema radicular, desarrollado durante décadas, les permite acceder a recursos hídricos y minerales inaccesibles para viñedos más jóvenes, favoreciendo una mayor expresión del terroir y ofreciendo uvas de elevada concentración, complejidad y equilibrio.
La directora técnica del Consejo Regulador, Alejandra Rubio, señaló que estas parcelas son «auténticas joyas del paisaje vitícola» por lo que representan en términos de biodiversidad, sostenibilidad, resiliencia, identidad y excelencia enológica. Aunque producen menos cantidad de uva, explicó, el paso del tiempo incrementa notablemente su calidad.
Además de su valor para la elaboración de vinos, estas viñas constituyen un ejemplo de adaptación al cambio climático y contribuyen a la conservación del paisaje tradicional, gracias a su capacidad para autorregularse frente a condiciones climáticas adversas, resistir enfermedades y favorecer el drenaje y la protección del suelo.
Con este proyecto, Rioja busca consolidar la protección y divulgación de un patrimonio que considera uno de sus principales elementos diferenciales y reforzar su posicionamiento como referente internacional en vinos de calidad.










