El vino español vuelve a situarse en el centro del debate comercial internacional ante las nuevas políticas arancelarias de Estados Unidos, un mercado clave para las bodegas nacionales y, en particular, para referentes como Marqués de Riscal, cuyo director general, Ricardo Diéguez, y el de la Federación Española del Vino (FEV), José Luis Benítez, analizaron el impacto de esta situación en el sector durante el 40 Congreso Aecoc de Gran Consumo.
España es una potencia vitivinícola consolidada: el sector representa el 0,9 % del PIB y aporta más de 3.000 millones de euros al balance comercial agroalimentario positivo del país. Según Benítez, el vino y los productos vitivinícolas son el producto más exportado de la Unión Europea, con un valor de 13.000 millones de euros. “Somos un sector netamente exportador, presente en casi 200 países, y los tratados de libre comercio son nuestra herramienta esencial”, destacó el responsable de la FEV, quien subrayó la necesidad de mantener mercados abiertos y predecibles.
Desde Marqués de Riscal, Diéguez recordó que la bodega mantiene una relación histórica con Estados Unidos desde 1883, siendo este su segundo mercado más importante tras España y representando alrededor del 10 % de sus ventas. Ante las tensiones comerciales, la compañía apuesta por una estrategia “de largo plazo”, centrada en la solidez de marca, la cooperación institucional y el apoyo a la Federación y a la Unión Europea en la defensa de los intereses del sector. “No podemos tomar decisiones a corto plazo. Debemos actuar con responsabilidad y compromiso, confiando en que esta situación se estabilice”, afirmó.
Impacto moderado y búsqueda de equilibrio
Aunque las medidas arancelarias han generado incertidumbre, las bodegas han optado por no repercutir directamente los sobrecostes en el precio final al consumidor. En su lugar, han priorizado inversiones conjuntas con importadores y ajustes en la comunicación y promoción para mantener su competitividad. Según Diéguez, “la prioridad es apoyar al consumidor y al distribuidor, evitando que las decisiones políticas perjudiquen al vino español”.
Benítez añadió que, pese a una caída interanual de ventas del 7 % hasta julio, el impacto ha sido menor del esperado gracias a la fortaleza exportadora y a la capacidad de adaptación del sector. Las bodegas más expuestas al mercado estadounidense buscan compensar la situación mediante la diversificación, especialmente en mercados como Canadá o América Latina, donde las relaciones comerciales son estables y el consumo de vino español sigue creciendo.
En el ámbito productivo, el sector encara un año de reducción de cosecha, pero con una calidad excelente. Mientras regiones como Rioja o Rueda registran descensos del 20% en volumen, la calidad de la uva se mantiene en niveles excepcionales. “El cambio climático nos afecta en cantidad, pero no en valor. Nuestros vinos ganan en carácter y calidad”, señaló Díez.
Por su parte, la FEV insistió en la importancia de avanzar en acuerdos comerciales como el de Mercosur o el tratado con India, que podrían abrir nuevas oportunidades para el vino europeo. En cuanto a tendencias, ambos representantes coincidieron en que el crecimiento de las categorías de vinos sin o con bajo contenido en alcohol representa una oportunidad complementaria, pero no sustitutiva, del vino tradicional.
En un contexto global incierto, el mensaje del sector es claro: mantener la visión a largo plazo, apostar por la calidad y reforzar la presencia internacional del vino español como símbolo de cultura, sostenibilidad y competitividad.










