El auge gastronómico de las hamburguesas en los últimos años se refleja con profusión en los lineales de los supermercados, tanto con marcas propias como de fabricantes, algunos incluso con carnes con sellos de calidad de origen IGP. Para ayudar a elegir, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha valorado la composición nutricional, los aditivos, la higiene, el etiquetado, la calidad de la carne y la degustación de diez preparados de carne picada de vacuno, muchos de ellos comercializados como burger meat.
Según explica la organización, las burger meat, identificadas con esta denominación en su etiquetado, se distinguen de una hamburguesa por incorporar un mínimo del 4% de cereales, hortalizas, legumbres u otros ingredientes vegetales para ayudar a retener el agua añadida y ligar la mezcla. Además, en este caso la normativa permite añadir sulfitos que retrasan el deterioro microbiano y ayudan a mantener el color rojo de la carne. Es la presentación más habitual en los supermercados y no necesariamente la más barata: su precio varía entre 10,93 y 30,10 euros por kilogramo.
Las burger meat son también las presentaciones con un mayor número de aditivos, pudiendo sumar hasta cinco diferentes. Pero del mismo modo destacan entre las más sabrosas, especialmente algunas de las más caras, con un precio igual o superior a los 25 euros el kilogramo, similar al coste de una pieza de entrecot. La excepción, la analizada de Mercadona, que sale por 11 euros el kilogramo y comparte una buena valoración en degustación.
OCU también ha analizado dos hamburguesas a la venta en supermercados: Rubia gallega de Coren y Añojo Círculo de calidad de Carrefour, elaboradas en un 100% con carne de vacuno. Son la opción más saludable ya que no incluyen sulfitos y, en el caso de la primera, tampoco incorpora aditivos. Y comparten un precio igual o inferior a 20 euros el kilogramo, aunque no se distinguen especialmente en el apartado de degustación.
Si bien hay diferencias en la calidad de la carne empleada según la marca, el análisis revela la buena calidad general de las muestras, ya que hay poco tejido conjuntivo propio de tendones o cartílagos. Es más, la cantidad de proteína es en general elevada, un 15% de media, aunque también la cantidad de grasa. Y de sal. Por lo que OCU recomienda priorizar piezas no demasiado grandes (su tamaño varía entre 90 y 220 gramos), acompañarlas de verdura y no abusar de su consumo.
Por lo demás, el análisis de OCU confirma un buen etiquetado, que permite comprobar el porcentaje de carne y los ingredientes añadidos. Así como una higiene aceptable en las muestras analizadas: no se detectaron Salmonella, E. Coli ni Listeria monocytogenes en ninguna muestra. Aunque dada la presencia de otros microorganismos al final de su vida útil, es recomendable mantenerlas siempre refrigeradas, respetar la fecha de caducidad y, una vez abierto el envase, consumirlas cuanto antes, sin dejar el centro crudo.










