La campaña cerealista española para la campaña 2026/27, que se inicia este 1 de julio, refleja que será un año de ajustes y desafíos, según el Informe Sectorial sobre Cereales 2026 de Agrifood Comunicación y AgroBank, que recoge que la cosecha prevista asciende a 20,56 millones de toneladas, un 23% menos que en la muy buena campaña anterior, cuando ascendió a 26,64 millones de toneladas, con un rendimiento medio de 3,81 toneladas por hectárea.
Esta cifra es bastante inferior a los 4,64 toneladas por hectárea de la 2025/26, pero que supera la media de las cinco campañas anteriores (3,36 toneladas por hectárea) y evidencia la capacidad del sector para adaptarse a condiciones cambiantes, a pesar de la reducción de superficies en favor de cultivos leñosos y del aumento de costes de insumos, principalmente los fertilizantes.
El trabajo confirma que los cereales siguen siendo el principal subsector de los cultivos herbáceos, ocupando 5,4 millones de hectáreas, con presencia prácticamente en todas las CCAA, siendo muy testimonial en Asturias, Canarias y Cantabria.
Entre los cultivos más representativos destacan la cebada (2,23 millones de hectáreas, 41,3% del total), el trigo blando (1,8 millones de hectáreas, 33,3%), la avena (530.000 hectáreas, un 9,8%) y el maíz (311.000 hectáreas, 5,8%). Por su parte, el arroz, con 120.000 hectáreas, se concentra en Sevilla (40% del total), Badajoz (20%) y zonas del Delta del Ebro y Albufera de Valencia, aunque su superficie tiende a reducirse por baja rentabilidad y menor disponibilidad de agua. Esta diversidad territorial y varietal permite al sector adaptarse a distintos territorios y mantener una producción significativa pese a la reducción general de superficie.
El sector cerealista mantiene una estructura dual, con numerosas explotaciones pequeñas de baja rentabilidad y grandes monocultivos de más de 100 hectáreas, que representan más del 50% de la superficie total y permiten rendimientos de hasta cuatro toneladas por hectárea en la mitad norte del país. Entre CC.AA., Castilla y León concentra el 36% de la producción, seguida de Aragón (18%) y Castilla-La Mancha (16%). Andalucía destaca en trigo duro, con 335.000 toneladas, el 67% del total nacional. Esta combinación de explotaciones asegura que el sector pueda sostener la producción y responder en parte a la creciente demanda interna, incluso en campañas difíciles.
Mercado, precios y contexto internacional
España sigue siendo un importador neto de cereales, con un déficit estructural que obliga a recurrir en todas las campañas a los mercados internacionales, principalmente de la UE y de algunos países terceros para cubrir la demanda de piensos y de consumo interno. Para 2026/27, se estima un consumo nacional de trigo blando de 12,2 millones de toneladas frente a una producción de 7,8 millones de toneladas, lo que requerirá importaciones de entre cuatro y cinco millones. En cebada, producción y consumo se equilibran alrededor de 9,2 millones de toneladas, con la UE jugando un papel clave en el comercio internacional.
Los precios internos se mantienen débiles, pero estables: el trigo blando se sitúa en torno a una media de apenas 210 euros por tonelada y el maíz de 220 euros por tonelada, ligeramente superiores a la campaña pasada y por encima de los precios mundiales. Tras los picos históricos de unos 500 euros por tonelada en 2022, los precios descendieron progresivamente y se estabilizaron actualmente entre 200 y 260 euros por tonelada, proporcionando previsibilidad al mercado y un margen de seguridad para los agricultores.
A nivel global, la producción de cereales para el cierre de la campaña 2025/26 alcanza 3.040 millones de toneladas, un 6% más que la campaña anterior, con récords en maíz y arroz. El trigo se estima en 817 millones de toneladas (-2%), mientras que el consumo mundial asciende a 2.946 millones de toneladas, impulsado por el incremento de maíz destinado a piensos (+33,3 millones de toneladas). Las existencias finales se prevé que alcancen unos 954,6 millones de toneladas, un 10% más que el año anterior, y el comercio mundial podría quedar en unos 504,3 millones de toneladas, un 3,9% más que en la campaña pasada. La UE sigue siendo un actor estratégico: el trigo supone el 45% de la producción anual de cereales, el maíz el 22% y la cebada el 19%, con la mayoría destinada a alimentación animal, un tercio al consumo humano y un 3% a biocarburantes.
El informe subraya los retos y perspectivas de este sector: la volatilidad climática, el aumento de costes de insumos, la dependencia de importaciones y la reducción de superficie cerealista frente a cultivos leñosos. A pesar de estos desafíos, la campaña sigue demostrando que el sector sigue siendo resiliente y sobre todo estratégico para atender al menos parte de la demanda interna de nuestro país.










