Preparar y sembrar una hectárea de terreno costará este otoño al agricultor al menos nueve euros más en gasóleo que hace un año. Puede parecer una diferencia limitada, pero trasladada a los 22 millones de hectáreas susceptibles de laboreo en España supone una factura adicional de unos 200 millones de euros. Y eso contando únicamente el combustible necesario para las labores de preparación y siembra.
Es la estimación que hace Asaja ante la escalada del precio del gasóleo agrícola, que ha pasado de 0,950 euros por litro en la primera semana de septiembre de 2025 a 1,405 euros este año, un 48% más. En los surtidores, el precio llega ya a 1,649 euros por litro.
La organización agraria considera especialmente preocupante que este incremento coincida con el momento del año en el que se concentra buena parte del consumo de combustible del campo. Entre septiembre y noviembre se suceden las labores de alzar, gradar, preparar la tierra y sembrar, a las que se suman la vendimia, la recogida del maíz y, próximamente, la campaña de aceituna.
Para calcular el impacto, Asaja utiliza una estimación prudente de 20 litros de gasóleo por hectárea para las labores de preparación y siembra. Aplicada a las 22 millones de hectáreas susceptibles de laboreo, supone unos 440 millones de litros de combustible. Con el precio medio ponderado de 1,405 euros por litro registrado el 7 de septiembre, la factura asciende a unos 618 millones de euros, frente a los alrededor de 418 millones que habría supuesto un año antes. La diferencia: unos 200 millones de euros más para el campo.
El cálculo se ha realizado, además, con un consumo por hectárea inferior al que recogen los datos de referencia del IDAE para el cultivo del cereal, que sitúan el consumo entre 31,5 litros por hectárea en siembra directa y 69,5 litros en laboreo convencional para todo el ciclo. Si los 1,649 euros por litro que ya se pagan en algunos surtidores se extendieran al conjunto del consumo, Asaja estima que el sobrecoste superaría los 300 millones de euros.
El impacto también se aprecia a escala de explotación. Para una finca de 200 hectáreas, el incremento supone más de 1.800 euros adicionales en gasóleo solo para las labores de otoño, antes de incorporar otros gastos de producción como tratamientos, transporte o recolección.
El coste sube cuando toca decidir qué sembrar
El problema para el agricultor no es únicamente cuánto cuesta el combustible, sino cuándo se produce esa subida. La campaña de otoño concentra algunas de las tareas que requieren un mayor consumo de gasóleo y, al mismo tiempo, obliga a tomar decisiones sobre las superficies que se van a cultivar.
Asaja advierte de que el encarecimiento está llevando a algunos agricultores a plantearse reducir la superficie sembrada o recortar determinadas labores. La organización recuerda que lo que no se siembra en otoño tampoco se cosecha el próximo verano, por lo que estas decisiones pueden terminar teniendo consecuencias sobre la producción y el conjunto de la cadena alimentaria.
El combustible se suma, además, a unos costes de producción que ya vienen registrando incrementos mientras los precios en origen no evolucionan al mismo ritmo. En el caso del cereal, Asaja señala que la reciente subida de las cotizaciones no garantiza la rentabilidad en una campaña marcada además por una reducción del 30% de la cosecha.
La presión sobre los costes coincide con la desaparición de una de las medidas que hasta ahora contribuían a contener la factura energética. El próximo 30 de septiembre termina la ayuda extraordinaria de 20 céntimos por litro al gasóleo agrícola y concluye la retirada escalonada de las rebajas fiscales sobre los carburantes.
Para Asaja, el calendario resulta especialmente preocupante: la ayuda desaparece precisamente cuando la sementera entra en su fase de mayor consumo. Por este motivo, la organización ha solicitado una reunión urgente al ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, antes del 30 de septiembre. Su objetivo es abordar la continuidad de las medidas de apoyo al combustible y evitar que el sector afronte el otoño sin este respaldo.
Asaja reclama cuatro medidas concretas: prorrogar la ayuda extraordinaria al gasóleo agrícola, al menos durante toda la campaña de otoño-invierno; aplicarla directamente en el momento del suministro para que el agricultor no tenga que adelantar el sobrecoste; aumentar la compensación del IVA en el régimen especial de agricultura, e incorporar el sobrecoste del gasóleo a la orden de módulos del IRPF de 2026.
En este último punto, plantea una reducción específica del 35% en la factura del gasóleo para las actividades agrarias, como la que se aplicaba años atrás.
137 euros más por cada depósito de 300 litros
La evolución del precio permite dimensionar el cambio que afrontan las explotaciones. En septiembre de 2023, el precio medio ponderado del gasóleo agrícola era de 1,087 euros por litro. En 2024 bajó a 1,004 euros y en 2025 se situó en 0,950 euros.
Un año después, el precio medio ponderado alcanza los 1,405 euros. Llenar un depósito de 300 litros supone ahora unos 422 euros, frente a los 285 euros de septiembre de 2025: 137 euros más por el mismo volumen.
La organización agraria considera que el margen para actuar se agota a medida que se acerca el 30 de septiembre. Para Asaja, mantener el apoyo al gasóleo durante la campaña de otoño permitiría afrontar las labores de siembra con un menor impacto de la escalada de costes sobre unas explotaciones que deben decidir ahora qué superficie cultivar y cuánto invertir en la próxima cosecha.










