Este producto no sólo se cultiva en la Península Ibérica de manera responsable, con un 79% de sus hectáreas en secano, sino que también actúa como motor de desarrollo de zonas amenazadas por la despoblación.
Un firme compromiso por la sostenibilidad, innovación, tradición y una apuesta por la alimentación saludable. Eso es sólo una parte de lo que esconde la almendra europea. Este producto tradicionalmente mediterráneo, que impulsa la economía de numerosas áreas rurales de España y Portugal, se ha convertido en un ejemplo perfecto del tipo de agricultura de bajo impacto ambiental que el mercado actual demanda.
Prueba de ello son las variedades locales, como guara, constantí, penta, belona o lauranne, que seducen a los consumidores con sus sabores y texturas únicos. Pero no solo las distingue su calidad, sino que también están perfectamente adaptadas al entorno ibérico, lo que permite una producción eficiente y respetuosa con el medioambiente. Sin ir más lejos, el almendro se convierte así en un cultivo aliado frente a desafíos como la erosión del suelo o los incendios forestales, gracias a su función como cortafuegos natural.
Pero si hablamos de sostenibilidad, la gestión hídrica es clave. Y el sector europeo de la almendra está a la altura del reto: el 79% de las más de 800.000 hectáreas cultivadas en España y Portugal se encuentran en régimen de secano, mientras que el resto de explotaciones están adoptando cada vez más sistemas de riego bajo demanda. Además, hablamos de un auténtico referente en la agricultura ecológica, con más del 20% del total de la superficie.
¿Y si miramos más allá del medioambiente? Pues este producto es también beneficioso en otros aspectos. Por ejemplo, en el plano social, la almendra permite fijar población en zonas remotas, abriendo vías para el emprendimiento y la generación de empleo.
Excelencia e innovación
Junto a la sostenibilidad, la calidad es otro de los rasgos que definen a la almendra europea. Parte de ello se debe a las citadas variedades autóctonas, que la hacen inconfundible. Pero la innovación juega aquí también un papel clave. Desde el cultivo hasta la transformación, el sector aplica técnicas avanzadas que garantizan un producto final excelente.
Y la economía circular se ha integrado en el proceso productivo, aprovechando subproductos como la cáscara para generar energía; o la piel, rica en fibra, que se incorpora a alimentos funcionales y productos veterinarios.
Todo ello se enmarca dentro del modelo de producción europeo, reconocido por sus altos estándares de calidad y sostenibilidad. La estrategia comunitaria ‘Del campo a la mesa’ refuerza esta visión, asegurando que cada etapa del proceso cumpla con exigentes normativas que protegen tanto al consumidor como al entorno.
La campaña Sustainable EU Almond, promovida por SAB-Almendrave (España) y el Centro Nacional de Competências dos Frutos Secos (Portugal), con el apoyo de la Unión Europea, busca precisamente destacar todos estos valores. Dirigida a mercados clave como Alemania, Francia, España y Portugal, esta iniciativa pone en el centro del discurso a la almendra europea, como producto que representa lo mejor de nuestro campo: sostenibilidad, calidad y compromiso.











