La Navidad transforma nuestra forma de consumir alimentos y pone a prueba toda la cadena logística. Según el estudio de hábitos de consumo navideño de Eroski, los hogares españoles incrementan en torno a un 30% su gasto en alimentación en estas fiestas, y casi la mitad del gasto de diciembre (un 46%) se destina a productos típicamente navideños.
Además, buena parte de los productos que protagonizan estas fechas son los más sensibles a la temperatura. Según el Panel de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, diciembre concentra casi una quinta parte del marisco que compran los hogares en todo el año, y cerca de una cuarta parte del cordero y de los espumosos: unas tres veces más que en un mes normal. La paletilla de cordero, el cochinillo, el pavo relleno, el besugo o los langostinos comparten mesa con platos preparados, quesos y propuestas gourmet, categorías que en el último diciembre crecieron casi un 10% y un 8%, respectivamente.
Cada alimento tiene una exigencia distinta. La carne fresca y los platos refrigerados viajan habitualmente entre 0 y 4 ºC, y los congelados deben mantenerse a -18 ºC o menos. En Navidad, una desviación de pocos grados puede dejar fuera de la venta un producto justo cuando el consumidor menos lo perdona.
Es frecuente asociar la temperatura controlada con el verano, pero el frío no depende del exterior, sino de las necesidades del producto. La normativa de seguridad alimentaria considera el transporte una etapa crítica de la cadena de suministro, y las variaciones de temperatura, uno de sus principales riesgos.
Proteger un alimento tampoco significa siempre enfriarlo más, sino evitar oscilaciones. El chocolate es un buen ejemplo. Los cambios bruscos de temperatura hacen que la manteca de cacao aflore a la superficie (lo que en el sector se conoce como fat bloom) y la condensación disuelve y recristaliza el azúcar (sugar bloom). En ambos casos aparece un velo blanquecino que afecta a su textura y a su imagen. El turrón, ciertos vinos o los quesos también necesitan una temperatura estable para llegar en perfectas condiciones.
A ello se suman los picos de volumen, las entregas concentradas en torno a Nochebuena y Nochevieja, y las heladas y la nieve en buena parte del territorio. También una distribución cada vez más capilar, en la que grandes superficies, distribuidores, canal horeca y comercio especializado necesitan recibir con los mismos estándares. Cuando un producto concentra en un solo mes la cuarta parte de sus ventas anuales, no hay margen para el error.
En Logista Parcel, como especialistas en transporte B2B de alimentación refrigerada y congelada, preparamos la campaña de Navidad junto a nuestros clientes y reforzamos la operativa en los periodos de mayor demanda. Anticipamos volúmenes, dimensionamos capacidades y coordinamos recogidas y entregas para que el pico de actividad no se traduzca en pérdida de control. Cada expedición viaja con trazabilidad y monitorización continua, de modo que fabricante y destinatario saben en todo momento dónde y en qué condiciones está su mercancía.
Para los productos de mayor valor añadido contamos con Deli Food, nuestro servicio de transporte a temperatura controlada orientado al segmento gourmet. Su objetivo es que ibéricos, chocolates, quesos, vinos o dulces artesanos mantengan sus condiciones durante todo el trayecto. Porque en alimentación gourmet, la logística no solo protege el producto: protege también la experiencia que la marca quiere entregar a su cliente.
La Navidad es quizá el mejor escaparate de algo que sucede todo el año en logística alimentaria: detrás de un producto que llega en perfectas condiciones hay una cadena que no puede romperse. Para fabricantes, grandes superficies, distribuidores y comercios, elegir un operador de transporte especializado es la garantía de que la campaña más importante del año llegue a la mesa tal y como fue concebida.










