Reforzar la industria láctea es reforzar la autonomía alimentaria de España. Así lo ha puesto de manifiesto Javier Roza, presidente de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FeNIL), durante la presentación este miércoles de la “Radiografía de la Industria Láctea: motor nutricional, territorial y económico”, un exhaustivo informe elaborado por la patronal que evalúa el impacto integral del sector en el país y que recoge ocho medidas para impulsar su futuro.
“Esta esencialidad de la industria láctea se asienta, de manera destacada, en su capacidad para garantizar una nutrición de calidad a las personas. Los alimentos lácteos constituyen un pilar indispensable al aportar nutrientes esenciales como proteínas de alto valor biológico y ser la principal fuente de calcio de la población española”, explica FeNIL.
La Fundación Española de la Nutrición (FEN) y las principales guías de alimentación establecen como pauta clave el consumo de al menos tres raciones de lácteos al día para cubrir las necesidades nutricionales en las distintas etapas de la vida. No alcanzar esta recomendación resulta especialmente perjudicial entre niños y jóvenes, ya que limita el logro del pico de masa ósea en la juventud y compromete la prevención a largo plazo de patologías óseas y metabólicas como la osteoporosis. Estas y más conclusiones se pueden consultar en el Libro Blanco de los Lácteos elaborado por FEN y publicado por InLac.
Una industria que vertebra el territorio
La industria láctea española alcanzó en 2025 una cifra de negocio estimada de 15.888 millones de euros, con 1.577 empresas y 30.648 empleos industriales directos. Es la segunda mayor industria alimentaria española. Su actividad tiene además un importante efecto tractor sobre la producción ganadera, la logística, el transporte y las industrias auxiliares.
Su arraigo territorial refuerza esta contribución. La cadena integra a más de 14.800 ganaderos y una amplia red de recogida y transformación. Concretamente, el 55% de los centros lácteos se encuentra en municipios de menos de 5.000 habitantes, donde la actividad industrial contribuye a mantener empleo, inversión y tejido empresarial en el medio rural.
Por otro lado, la industria láctea transforma diariamente una materia prima perecedera en una amplia diversidad de alimentos de consumo habitual y elevado interés nutricional, conectando la producción con los mercados y contribuyendo a garantizar el abastecimiento.
Un desafío crítico para la autonomía alimentaria nacional
A pesar de esta indudable robustez económica y social, el sector se enfrenta a un desafío crítico para la autonomía alimentaria nacional, dado que España necesita imperiosamente materia prima para seguir elaborando alimentos lácteos y reducir así sus vulnerabilidades y dependencias externas.
En la actualidad, el país cubre, mediante importaciones, más del 30% de su demanda de alimentos lácteos. Esta situación, que se tradujo en 2025 en un saldo comercial negativo de 492.355 toneladas y 1.500 millones de euros (la cifra más alta de toda la Unión Europea), representa una oportunidad para aumentar la transformación nacional, desarrollar productos de mayor valor añadido y generar más actividad económica en los territorios donde tiene presencia.
Fortalecer esta capacidad permitiría captar una mayor parte del valor asociado a la producción nacional y convertirlo en nuevas oportunidades económicas para los territorios donde tiene presencia el sector lácteo.
El potencial resulta especialmente relevante en categorías como la del queso, de la que España importó 434.844 toneladas en 2025 frente a 131.696 toneladas exportadas. Esta diferencia evidencia el margen existente para desarrollar una oferta nacional competitiva y atender una mayor parte de una demanda que ya existe.
La innovación permite generar más valor en todas las categorías lácteas
La innovación constituye una de las principales fortalezas de la industria para aprovechar las oportunidades del mercado. Los lanzamientos lácteos representaron el 13% de las innovaciones del gran consumo durante los últimos cuatro años, por encima del peso del sector en el valor del mercado, situado en torno al 10%. Además, alcanzaron una tasa de éxito del 50%, frente al 29% del promedio del gran consumo.
Esta capacidad de creación de valor se manifiesta de forma complementaria en las distintas categorías. La leche líquida mantiene un papel esencial por su penetración, recurrencia y accesibilidad. Junto a la leche clásica, las propuestas sin lactosa, enriquecidas, funcionales o con mayor contenido proteico, así como los batidos y cafés listos para tomar, amplían las ocasiones de consumo. Las categorías de valor añadido representan aproximadamente un tercio del volumen de leches y batidos, pero generan más del 40% de su valor.
Por su parte, el queso, además de representar ya el mayor destino de la leche producida, constituye uno de los principales motores de crecimiento gracias a su diversidad, versatilidad y capacidad de diferenciación. Propuestas como el cottage reflejan nuevas oportunidades relacionadas con la proteína y la conveniencia.
Asimismo, los yogures y leches fermentadas combinan una elevada presencia en los hogares con capacidad de innovación en funcionalidad, digestibilidad y placer, con ejemplos como el kéfir. Junto a la evolución positiva de los postres lácteos, la mantequilla y la nata, estas tendencias refuerzan el potencial de crecimiento y la diversidad del sector, que además también es una categoría gastronómica por excelencia.
En definitiva, la fortaleza de las categorías tradicionales y el desarrollo de nuevas propuestas permiten a la industria responder a los cambios en el consumo, conectar con las generaciones más jóvenes y generar mayor valor a partir de la transformación.
Ocho medidas para convertir este potencial de la industria láctea en crecimiento y autonomía
Para favorecer una cadena competitiva, capaz de generar más valor y reforzar la autonomía alimentaria de España, FeNIL propone ocho prioridades:
1.-Reforzar la base productiva y el relevo generacional, facilitando la continuidad, modernización y crecimiento de las explotaciones viables y preservando los sistemas de recogida.
2.-Reducir las cargas burocráticas y favorecer la actividad rural, mediante simplificación administrativa, mejores condiciones fiscales y apoyo a la inversión.
3.-Mejorar el acceso al talento, la vivienda y los servicios, facilitando la incorporación de profesionales a explotaciones e industrias y el mantenimiento de actividad en los territorios rurales.
4.-Impulsar la modernización y la competitividad, apoyando la automatización, la digitalización, la eficiencia y el desarrollo de modelos productivos viables y competitivos.
5.-Proteger y promover el consumo de alimentos lácteos, especialmente entre los jóvenes, mediante información basada en evidencia científica y propuestas adaptadas a nuevos hábitos.
6.-Reforzar la internacionalización, ampliando los instrumentos de apoyo a las exportaciones y la apertura de mercados para los productos lácteos españoles.
7.-Favorecer la adquisición de escala empresarial, eliminando los límites a las explotaciones, siempre que cumplan con los requisitos de bienestar animal y medioambientales, e impulsando fórmulas de colaboración e integración que permitan ganar escala, invertir y mejorar la competitividad.
8.-Promover un pacto por la innovación con la distribución, que facilite el acceso al mercado y la consolidación de nuevos productos, incentivando la inversión industrial en I+D+i.










