Los comercios españoles perdieron 2.932 millones de euros durante 2025 por la llamada pérdida desconocida, que engloba los hurtos, los errores administrativos y el fraude de proveedores. La cifra equivale al 1,1% de la facturación de las empresas de distribución comercial y supone un incremento del 4% en términos absolutos respecto al año anterior, cuando las pérdidas alcanzaron los 2.800 millones de euros.
Son algunos de los datos del Barómetro del Hurto en la Distribución Comercial, elaborado por NIQ a partir de un trabajo de campo realizado en 2026, con la colaboración de Checkpoint Systems y la Asociación de Empresas del Gran Consumo (AECOC). El informe sitúa de nuevo la pérdida desconocida en uno de sus niveles más elevados de los últimos años. Después de representar el 0,9% de la facturación en 2022 y bajar al 0,74% en 2023, volvió al 1,1% en 2025.
Los hurtos concentran el 81% de estas pérdidas. En concreto, el 63% corresponde a hurtos externos y el 18% a internos. Los errores administrativos representan el 13%, mientras que el fraude de proveedores supone el 6%. Más de la mitad de las empresas consultadas, el 54%, asegura que los hurtos externos han aumentado durante el último año. Su impacto va más allá del valor de los productos sustraídos: estas pérdidas reducen la rentabilidad de los establecimientos y limitan su capacidad para invertir y generar empleo.
Vinos y licores, los productos más hurtados en alimentación
El barómetro identifica que en alimentación y bebidas, los vinos y licores encabezan la clasificación como productos más hurtados, seguidos de los loncheados ibéricos y los chocolates. Las conservas y los aceites completan los cinco primeros puestos. Estos dos últimos productos habían ganado protagonismo en años anteriores por el incremento de sus precios, aunque ahora han perdido posiciones.
En cuidado personal y belleza, las cuchillas de afeitar ocupan el primer lugar, por delante de los productos de cuidado corporal y el maquillaje. Las fragancias y los protectores solares, habituales en anteriores clasificaciones, salen de los tres primeros puestos. En electrónica, los auriculares son los artículos más sustraídos, seguidos de los accesorios para móviles y los videojuegos. El informe señala también el creciente interés por los cargadores y los relojes inteligentes.
En bricolaje destacan los taladros y otras herramientas manuales y eléctricas, seguidos de las pilas y baterías y las bombillas. En hogar, decoración y menaje, los productos más hurtados son los ambientadores y las velas perfumadas, los cubiertos y los platos. La moda continúa entre las categorías más expuestas. Las camisetas y camisas encabezan la lista, seguidas del calzado y la ropa interior y la lencería. Los abrigos y las gafas de sol también ganan presencia y ya figuran entre los diez productos más vulnerables. El estudio apunta, además, al aumento de los hurtos de artículos para mascotas. La alimentación húmeda ocupa un lugar destacado, junto con los antiparasitarios, la alimentación seca y los productos de higiene. Los accesorios completan los cinco primeros puestos de esta categoría.
Preguntados por las categorías que concentran un mayor impacto económico, desde Aecoc se aseguró que, aunque el barómetro no recoge una valoración en euros por tipo de producto, se trataría de la bodega, tanto por su posición en la clasificación como por el número de referencias susceptibles de hurto. No obstante, también se señaló que, en electrónica, el volumen de sustracciones puede ser menor, pero el importe medio de los productos sustraídos es más elevado.
La multirreincidencia y el aumento de la agresividad
El estudio dibuja un escenario en el que la reincidencia tiene un peso importante. El 48% de los hurtos se atribuye a autores multirreincidentes, es decir, personas que cometen tres o más sustracciones al año en establecimientos comerciales. Además, el 46% de los hurtos son realizados por bandas organizadas con fines lucrativos. Según Alejandro López, responsable de prevención de la pérdida de AECOC, «estos grupos seleccionan productos de valor para revenderlos posteriormente en mercados paralelos».
Por edades, los menores de 30 años protagonizan el 52% de los casos: el 39% corresponde a personas de entre 18 y 30 años y el 13% a menores de edad. Los adultos de 31 a 50 años representan el 32%, mientras que los mayores de 50 concentran el 15%.
Durante la presentación del barómetro también se precisó que no existe un perfil único de autor de hurtos. Conviven delincuentes ocasionales con personas multirreincidentes y grupos organizados, por lo que las empresas se enfrentan a situaciones de distinta naturaleza.
A esta realidad se suma la creciente agresividad en los establecimientos. El 79% de los retailers afirma que la violencia verbal o física de los infractores hacia el personal de tienda ha aumentado. Al mismo tiempo, un 78% señala que cada vez resulta más difícil encontrar profesionales de seguridad. Durante la presentación, Carlos Cruz, director comercial de Checkpoint Systems en España puso de manifiesto que «esta dificultad afecta también a la disponibilidad de personal cualificado y que la gestión de la seguridad constituye ya un reto tanto operativo como humano».
La reforma del Código Penal en materia de multirreincidencia también estuvo presente en el encuentro. Según los datos expuestos, el 74% de los retailers considera que los cambios legales beneficiarán al sector y contribuirán a reducir los hurtos cometidos por autores reincidentes. No obstante, se aclaró que las cifras del barómetro corresponden a 2025 y no recogen todavía los posibles efectos de la reforma, cuya entrada en vigor se situó en el 8 de abril.
Las cajas de autopago, uno de los puntos más sensibles
Las cajas de autopago se han convertido en otro de los focos de atención para los establecimientos. El 46% de los comercios encuestados dispone de este tipo de terminales y el 67% considera que en ellas se producen más hurtos que en las cajas atendidas por personal. Además, el 46% afirma que destina recursos adicionales a prevenir estas pérdidas.
«La expansión de estas cajas responde, principalmente, a la búsqueda de un servicio más ágil y cómodo para los clientes», explicaba Alejandro Sánchez, director de Servicios de Comercio Electrónico de AECOC. Sin embargo, su funcionamiento también plantea riesgos: junto a los hurtos intencionados pueden producirse descuidos o errores durante el proceso de compra. Por ello, los establecimientos están reforzando la supervisión y los controles en estas zonas.
El barómetro aborda también el fraude en el comercio electrónico. En este canal, la principal vía de pérdida no se encuentra necesariamente en el momento del pago, sino en las reclamaciones y devoluciones posteriores a la compra. Durante la presentación. López resumió esta situación con una idea: «la principal fuga en el canal online no está en el pago, sino en las reclamaciones y devoluciones posteriores a la compra».
Entre las prácticas identificadas, el 47% corresponde a clientes que aseguran no haber recibido un producto que sí les ha llegado, mientras que el 37% está relacionado con devoluciones de artículos usados o dañados. También figuran los pagos con tarjetas robadas (26%), las devoluciones de productos distintos y de menor valor (11%), las cajas vacías (5%) y los justificantes de pago falsos o las transferencias Bizum canceladas posteriormente (5%). Otro 11% agrupa diferentes incidencias.
La tecnología gana peso en la prevención
Los establecimientos combinan diferentes sistemas para reducir las pérdidas. El 100% de las empresas participantes dispone de cámaras de videovigilancia, alarmas de seguridad y sistemas antihurto. Además, el 75% cuenta con vigilantes de seguridad y utiliza alertas mediante sensores de movimiento. En cuanto a la protección individual de los artículos, el 79% de los comercios emplea dispositivos como arañas, collarines y cajas de policarbonato. La tecnología RFID, por su parte, empieza a extenderse más allá de su aplicación tradicional como sistema antihurto.
Durante la presentación se explicó que esta tecnología permite identificar cada producto mediante un chip y realizar lecturas rápidas y unitarias. Su utilidad alcanza así distintas fases de la operativa comercial. Según los datos expuestos, un 35% de las empresas la utiliza como medida de seguridad, un 22% para el control de stock, un 17% para la gestión de inventarios y un 4% para otras tareas. Cerca de la mitad todavía no la incorpora a sus procesos.
Entre las ventajas que señalan las compañías que sí la utilizan figuran el control de inventarios en tiempo real (79%), la gestión de existencias en tienda o entre establecimientos (71%) y la recepción de pedidos (71%). También destacan su función antihurto (71%), la manipulación más rápida y eficiente de mercancías (67%) y el seguimiento de productos dentro de la tienda (63%).
En este sentido, durante el encuentro se definió la RFID como «una herramienta de transformación operativa», por su capacidad para automatizar tareas que hasta ahora requerían procesos manuales y mejorar la precisión de la información sobre las existencias.
Las empresas también están destinando recursos a auditorías para mantener un inventario continuo, al escaneado obligatorio de productos y al control digital de procesos como la recepción de mercancías, los cambios de precios o las devoluciones. El 92% de los retailers continúa invirtiendo en soluciones para minimizar las mermas y gestionar mejor las roturas o el deterioro de los envases, mientras que el 75% destina recursos a combatir las devoluciones fraudulentas.










