La vuelta al cole se ha convertido en uno de los principales momentos de consumo del año para las familias con hijos. Aunque septiembre marca el inicio oficial del curso, buena parte de las compras se adelanta a agosto, cuando los hogares comienzan a adquirir libros, material escolar, uniformes, ropa, dispositivos tecnológicos y otros artículos necesarios para afrontar el nuevo curso.
Según la encuesta de gastos escolares de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) correspondiente al curso 2025/2026, el gasto medio anual alcanzó los 2.390 euros por alumno, mientras que el desembolso inicial para equipar a los estudiantes superó los 500 euros. La cifra incluye categorías muy diversas y pone de manifiesto el peso que la vuelta al cole tiene en el consumo de los hogares.
En este contexto, Oney apunta a la necesidad de anticipar las compras y convertir la tradicional lista de productos escolares en un presupuesto que permita identificar qué gastos son realmente necesarios y cuándo tendrán que afrontarse.
Reutilizar y escalonar las compras
El consumo de material escolar, ropa y equipamiento no tiene por qué comenzar cada curso desde cero. Revisar lo adquirido en años anteriores permite detectar productos que todavía pueden utilizarse y evitar compras innecesarias. Mochilas, estuches, calculadoras o ropa deportiva pueden formar parte de este inventario previo.
La planificación también pasa por distinguir entre los gastos puntuales, como libros o material de escritura; los recurrentes, como comedor, transporte, cuotas del centro o actividades extraescolares; y aquellos desembolsos que pueden aparecer durante el curso, entre ellos las excursiones.
Esta clasificación permite a las familias conocer no solo cuánto gastarán durante la campaña de vuelta al cole, sino también qué parte de su presupuesto quedará comprometida durante los meses siguientes.
Para Oney, anticipar el gasto no implica necesariamente adelantar todas las compras. La clave está en conocer el importe que habrá que asumir, establecer prioridades y determinar qué productos pueden adquirirse más adelante. Diferenciar entre lo imprescindible, lo conveniente y aquello que puede esperar permite repartir el consumo entre agosto, septiembre y los meses posteriores.
El precio gana peso en las decisiones de compra
La comparación de precios se convierte también en una herramienta para contener el desembolso. Junto al precio, las familias pueden valorar la duración, la garantía y el uso real de cada producto antes de decidir la compra.
Entre las alternativas para reducir el coste se encuentran la reutilización de materiales, los libros de segunda mano y los programas de préstamo o intercambio. La revisión de las ayudas disponibles también puede contribuir a reducir el impacto del inicio del curso sobre el presupuesto doméstico.
La concentración de compras en pocas semanas hace que septiembre pueda convertirse en un periodo especialmente exigente para los hogares, sobre todo cuando al desembolso inicial se añaden los gastos recurrentes que acompañarán al estudiante durante todo el curso.
En el caso de adquisiciones extraordinarias, como ordenadores, tabletas o equipaciones completas, algunas familias pueden recurrir al pago aplazado para distribuir el desembolso en varios meses.
Oney considera que esta opción debe plantearse desde una perspectiva de financiación responsable. Para ello, recomienda analizar el coste total de la operación, el importe y número de cuotas, las fechas de pago y la situación financiera del hogar. El objetivo es que el fraccionamiento de una compra no termine comprometiendo la capacidad de afrontar otros gastos habituales.
“Una buena planificación resulta especialmente útil ante gastos puntuales de mayor importe, siempre que se tenga una visión completa de los compromisos económicos del hogar”, señalan desde Oney.
De este modo, la vuelta al cole no solo concentra el consumo de determinados productos en agosto y septiembre, sino que obliga a las familias a gestionar un conjunto de gastos que se prolongará durante todo el curso. Para los hogares, planificar las compras, reutilizar lo disponible y priorizar las necesidades se convierten en herramientas para afrontar este periodo de mayor intensidad de consumo.










