La cervecera zaragozana Ambar vuelve a marcar el rumbo en la categoría cervecera. Cincuenta años después de introducir la primera cerveza sin alcohol en España, elabora Ambar Triple Zero Probiótica, una propuesta sin alcohol, sin azúcar y con 1.000 millones de probióticos activos capaces de llegar al intestino. Con este lanzamiento, la compañía no solo refuerza su posicionamiento en la categoría 0,0, sino que introduce un nuevo concepto que conecta el disfrute cervecero con las tendencias de bien
El mercado de la cerveza sin alcohol en España continúa evolucionando con rapidez. Lejos de ser una alternativa puntual, el segmento representa ya el 14% del consumo, consolidándose como una de las principales palancas de crecimiento del sector. En este escenario, Ambar ha decidido dar un paso más allá con el lanzamiento de Ambar Triple Zero Probiótica, una propuesta que aspira a redefinir los límites de la categoría.
La nueva referencia se presenta como la primera cerveza del mundo sin alcohol, sin azúcar y con probióticos activos. Un desarrollo que, según la compañía, conecta dos universos hasta ahora separados: el del consumo cervecero y el del cuidado de la microbiota.
“Hace 50 años imaginamos que era posible una cerveza sin alcohol. Ahora volvemos a cuestionar los límites de la cerveza”, señala Sergi Martínez, director de marketing de Grupo Agora, quien subraya la ambición de la compañía: “Innovar sin renunciar a lo esencial, que una cerveza siga siendo una cerveza”.

Innovación sobre una base técnica consolidada
Desde el punto de vista productivo, Ambar Triple Zero Probiótica parte de una base conocida dentro de la gama de la compañía: la Ambar Triple Zero Tostada. El proceso se basa en fermentaciones completas en las que los azúcares del mosto se transforman en alcohol, que posteriormente se elimina mediante destilación a alto vacío y baja temperatura. Este sistema permite mantener el perfil organoléptico —sabor, cuerpo y aroma— y obtener una cerveza sin azúcares residuales.
Esta condición resulta clave para la incorporación de los probióticos. La cepa elegida, Bacillus subtilis HU58, se presenta en forma de esporas, lo que le permite resistir el paso por el estómago y activarse en el intestino.
Antonio Fumanal, maestro cervecero y responsable de I+D, resume el principal desafío del proyecto: “El reto no era añadir probióticos, sino hacerlo sin comprometer la experiencia cervecera. Si no sabe a cerveza, no es cerveza. Ese era el límite”.
El propio Fumanal sitúa el origen del desarrollo en un proceso de investigación que arranca en 2018, vinculado al estudio de la microbiota en entornos naturales. “Nos dimos cuenta de que lo grande y lo pequeño están interaccionados y que para mantener esa magnitud hacía falta entender la microbiota”, explica. Esa reflexión ha sido trasladada al ámbito cervecero con el objetivo de integrar ciencia y consumo.
Uno de los elementos diferenciales del proyecto es su base científica. La elección de la cepa probiótica y su integración en el producto responden a un proceso de investigación prolongado, en el que se han combinado conocimientos de microbiología y tecnología cervecera.
Según Fumanal, la clave reside en la capacidad de las esporas para permanecer estables en ausencia de azúcares y activarse posteriormente en el organismo. “La bacteria detecta los azúcares en el intestino y ahí desarrolla sus propiedades”, explica. Este enfoque permite incorporar probióticos sin alterar la naturaleza del producto. “Nuestra cerveza sin alcohol es cerveza. Los procesos son los mismos que en una cerveza tradicional”, insiste.
Al mismo tiempo, el desarrollo conecta con la dimensión histórica de la cerveza como alimento vinculado a la socialización. “Llevamos 23.000 años haciendo cerveza y probablemente ha sido clave para reunir a las personas e intercambiar no solo historias, sino también microbiota”, reflexiona Fumanal.
De restar a sumar: un cambio de paradigma
El lanzamiento responde también a un cambio estratégico en la concepción del producto. Tras años centrados en eliminar elementos (alcohol, azúcar o gluten), la compañía apuesta ahora por añadir valor funcional. “Lo que hicimos fue un cambio de paradigma: en lugar de quitar cosas, empezar a sumar”, explica Martínez. Esta evolución se apoya en una trayectoria previa de innovación en la categoría sin alcohol, iniciada hace cinco décadas con el lanzamiento de la primera cerveza sin alcohol en España.
El directivo contextualiza además el peso del mercado nacional: “España es uno de los países donde la proporción de cerveza sin alcohol es más alta. Ese 14% representa más consumo que toda Latinoamérica”. Un dato que refleja no solo la madurez del segmento, sino también su potencial de desarrollo.
En este sentido, Martínez insiste en el cambio de percepción del consumidor. “Antes se asociaba a renuncia o a una menor calidad. Eso ha cambiado radicalmente. Ahora es una elección consciente y además está buenísima”, afirma.
La evolución del consumidor es, precisamente, uno de los factores que explican este tipo de innovaciones. La búsqueda de equilibrio entre placer y bienestar se ha consolidado como una tendencia transversal en alimentación y bebidas. “Cada vez cuesta menos cuidarse y disfrutar al mismo tiempo”, apunta Martínez, quien sitúa esta nueva cerveza dentro de ese espacio de consumo híbrido: “Es una cerveza que encaja de manera natural en muchos momentos: comidas, cenas, después del trabajo o tras hacer deporte”.
La propuesta también responde a un consumidor más informado y exigente, que busca productos que aporten valor añadido sin renunciar a la experiencia. En este contexto, el sabor sigue siendo el principal criterio. “La condición sine qua non es que esté buenísima. Si no, no sale”, recalca el director de marketing.
Un desarrollo colaborativo
Desde la dirección de la compañía, el lanzamiento se enmarca en una estrategia basada en la colaboración y la innovación abierta. Sergio Elizalde, CEO de Grupo Agora, ha destacado el carácter colectivo del proyecto. “Somos pequeños cerveceros. Sabemos mucho de cerveza, pero somos pequeños. Este proyecto lo hemos querido hacer con gente muy buena, trabajando en red durante años para conseguir un producto que no existía”, señala.
Elizalde pone en valor el talento implicado en el desarrollo, procedente de distintos ámbitos: ingredientes, análisis, nutrición o comunicación. “En España hay un talento bestial y sin esa red habría sido imposible”, afirma.
La introducción de una cerveza con probióticos abre interrogantes sobre su encaje en el mercado y su posible recorrido. Desde la compañía se reconoce la incertidumbre, pero también se reivindica el valor de la innovación. “Estamos repitiendo, en cierto modo, lo que pasó hace 50 años con la cerveza sin alcohol”, apunta Martínez. “Genera sorpresa, interés y curiosidad. Luego será el consumidor quien decida”.
La compañía ha puesto en el mercado Ambar Triple Zero Probiótica en formato lata de 33 centilitros, en el canal de alimentación. Un posicionamiento que busca facilitar su acceso al consumidor y favorecer su integración en el consumo cotidiano.










