Arturo Sánchez, la empresa familiar dedicada al mundo de los ibéricos desde 1917, presenta su nueva identidad de marca. Una evolución natural y orgánica que pone en valor el legado de un siglo de andadura y lo hace más visible.
Así, bajo el eslogan “Maestría Ibérica”, la casa pone nombre a aquello que siempre ha estado en el origen: una manera de entender el producto basada en el respeto por la naturaleza, los tiempos, la materia prima y el proceso de elaboración, explica la compañía.
Inspirada en los misterios de la dehesa y desarrollada junto al fotógrafo y artista contemporáneo Joan Pujol-Creus, esta nueva etapa reafirma el principio que ha guiado a la marca durante más de un siglo: la maestría ibérica como una práctica viva, basada en el tiempo, el respeto y el conocimiento heredado generación tras generación.
Este rediseño, desarrollado por la consultora Brandelicious, ordena y depura la expresión de la marca para reforzar su coherencia y claridad, encontrando en la dehesa su hilo conductor natural. No como un escenario, sino como el origen de todo. Un territorio que marca el ritmo, define el carácter del producto y encierra un saber hacer que no se puede acelerar ni replicar. Este enfoque responde al propósito histórico de Arturo Sánchez de desvelar la verdadera esencia del ibérico desde la legitimidad que otorgan más de cien años de dedicación fiel a sus principios.
A través de una serie de fotografías tomadas en la dehesa, la mirada de Joan Pujol-Creus acompaña esta nueva identidad desde la honestidad y la profundidad, revelando la verdad de este entorno sin artificios. Y es que, en un contexto donde la inmediatez se ha convertido en norma, Arturo Sánchez se mantiene fiel a su esencia y a la intuición que les llevó a apostar por la doble montanera, haciendo que cada una de sus piezas sea el resultado de años de trabajo.
Este proceso poco frecuente, que implica que el cerdo ibérico viva en libertad y se alimente de bellotas y pasto durante el doble del tiempo habitual, permite un desarrollo más completo y una calidad diferencial en la carne. Pero más allá de lo técnico, hay algo que no se puede explicar y que tiene que ver con el equilibrio entre el animal, el entorno y el paso del tiempo. A partir de ahí, cada decisión responde a un mismo criterio: hacer solo lo necesario, intervenir lo justo y respetar lo que ya está ocurriendo.
“Maestría Ibérica es, en esencia, una forma de trabajar. Una manera de entender que el resultado no depende de acelerar, sino de saber esperar. El resultado es una forma de entender el ibérico que va más allá de lo visible. Cada pieza es la consecuencia de una cadena de decisiones sostenidas durante años, desde la selección de los animales hasta su curación en bodegas naturales, donde el clima y el tiempo terminan el trabajo”, destaca la compañía.
Frente a una categoría donde los códigos tienden a repetirse, Arturo Sánchez reafirma su posición como una marca que no sigue tendencias, sino que defiende un oficio, reivindicando el valor del origen, el tiempo y la maestría como sus señas de identidad.





