La producción de melocotón y nectarina en España se elevará a 1,5 millones de toneladas, un 6% más que el año anterior, mientras que en la UE en esta campaña se situará en 3,41 millones de toneladas, un 9% más respecto a 2025 y un volumen 11% superior a la media del periodo 2020-2024, crecimiento debido a la ausencia de incidentes climatológicos hasta la fecha y la recuperación de Grecia tras un año especialmente malo por las heladas, según las estimaciones realizadas en el marco de Interprunus, el Foro Internacional del melocotón y la nectarina, celebrado en Lleida.
Según explica Fepex, la campaña pasada de 2025 fue complicada y desigual en Europa. La producción cayó hasta unos 3,14 millones de toneladas, un 9% menos que en 2024, debido principalmente a las fuertes heladas que afectaron a Grecia y Turquía. En otros países productores como España, Francia e Italia no hubo daños tan graves por frío, pero sí se produjeron lluvias abundantes durante la floración, lo que redujo algo el potencial de cosecha. Además, en varias zonas de España, entre ellas Cataluña, Aragón y Murcia, se registraron episodios intensos de granizo que también perjudicaron parte de la fruta.
Para 2026, en cambio, el panorama es mucho más favorable. Aunque se han producido algunas heladas puntuales en determinadas zonas, no han tenido un impacto importante a escala europea. Esto permite hablar de una campaña de recuperación y estabilización en el conjunto del sector de fruta de hueso. La mejora más destacada corresponde a Grecia, que vuelve a niveles próximos a la normalidad después del fuerte retroceso sufrido el año anterior. El país prevé alrededor de 455.000 toneladas de melocotones y nectarinas, un 35% más que en 2025, además de unas 300.000 toneladas de pavías, un 12% más. La recuperación responde principalmente a unas condiciones meteorológicas más benignas y a cambios estructurales, como la reducción de superficie en algunas zonas y la orientación de parte de los productores hacia otros cultivos como el kiwi.
En el caso de España, la previsión también es positiva. La producción total de melocotones, nectarinas, paraguayas y pavías podría situarse en 1.514.367 toneladas, lo que supone un 6% más que en 2025 y un volumen 11% superior a la media del periodo 2020-2024. Dentro de esta cifra, cerca de 1,2 millones de toneladas corresponderían a melocotón, nectarina y paraguaya, y unas 316.000 toneladas a pavía.
España llega a esta campaña en mejores condiciones gracias al final de la sequía que había afectado especialmente al valle del Ebro, a una mayor estabilidad productiva y a una demanda que ha respondido bien. Aun así, se advierte de que todavía existen algunas incertidumbres por cuestiones climáticas en regiones como Cataluña y Aragón, así como descensos previstos en Extremadura por problemas de cuajado. La pendencia de fondo de la producción española, según se analizó este jueves en Interprunus, es menos superficie cultivada, pero más tecnificación, renovación varietal, adaptación al cambio climático y orientación a la calidad.
Por comunidades autónomas, Aragón prevé la mayor producción, con 431.932 toneladas, un 4% más que en 2025, seguida de Cataluña, cuya producción crecerá un 14% hasta 422.870 toneladas, una recuperación importante si se compara con la campaña anterior, que cerró con 372.441 toneladas y se situó por debajo del potencial habitual del territorio. Les sigue Murcia con 333.000 toneladas, un 6% más y Extremadura, con 150.800 toneladas, la única comunidad que prevé un descenso de la producción del 13% respecto a 2025. En Andalucia se prevén 83.796 toneladas (+8%) y en Valencia 11.505 toneladas (+26%). La cosecha prevista en otras partes de España e de 57.461 toneladas (+25%)
La situación en Italia apunta a una cierta estabilidad. La previsión para 2026 ronda las 867.000 toneladas de melocotones y nectarinas, un 3% más que en 2025, mientras que la pavía bajaría ligeramente hasta unas 45.000 toneladas. En Francia, la estimación es de unas 224.000 toneladas, un 4% más que el año anterior y un 10% por encima de la media reciente. En ambos países se aprecia una producción relativamente estabilizada, aunque condicionada por factores estructurales como la reducción de superficie en algunas categorías y la necesidad de ajustar mejor la oferta a la demanda del mercado, especialmente en calibres y tipos de fruta.










