Comer en España es hoy un 40% más caro que en 2021, aunque el coste de vida ha subido la mitad, un 20%. Además, la cesta básica de la compra subió el pasado año un 30% con respecto a 2019, lo que está provocando una pérdida de poder adquisitivo de las familias españolas en los últimos años, según revela el informe «La despensa a presión. Radiografía de la inflación alimentaria en España (2015-2025)», elaborado por EAE Business School.
El informe de la business school señala que, a pesar de la moderación del IPC en 2025 (situándose en el 2,9%), los precios no han bajado, sino que se han consolidado. Según el estudio, se ha producido «efecto escalón», que significa que los niveles de precios de 2023-2024 no se revertirán debido a que la estructura de costes (laborales, energéticos y climáticos) ha cambiado para siempre. Por tanto, la recuperación del poder adquisitivo de los hogares dependerá exclusivamente de que los salarios crezcan por encima de este nuevo estándar de precios consolidado.
Esta tendencia inflacionista se ha agudizado las últimas semanas debido al contexto geopolítico internacional- «La guerra en Oriente Medio impulsa la inflación global al encarecer el petróleo y el gas, con riesgo de disrupciones en el estrecho de Ormuz. Esto aumenta los costes de transporte, fertilizantes y energía, presionando al alza los precios de los alimentos y productos de consumo que llegan a la UE. Además, podría elevar las tasas de interés y ralentizar el crecimiento económico global y europeo en particular. El encarecimiento del gas natural (necesario para producir fertilizantes nitrogenados) y de la logística dispara los costes agrícolas, lo que a su vez eleva los precios de los alimentos. Las amenazas a la navegación marítima pueden además atascar las cadenas de suministro globales, incrementando costes adicionales», señala Samer Ajour El Zein, autor del informe y Vicedecano de Investigación de EAE Business School.
Al profundizar en el efecto real de la inflación en las familias y hogares españoles, el estudio de EAE Business School también constata grandes diferencias según el poder adquisitivo. Así, según la escuela de negocios, la inflación alimentaria actúa como un impuesto regresivo que castiga tres veces más a los hogares de ingresos más bajos, ya que destinan casi el 20% de su renta a comer, frente al 5% de las familias con rentas altas. En este sentido, ya en 2024 el 9,1% de la población manifestaba llegar a fin de mes con mucha dificultad, con una tasa de riesgo de pobreza o exclusión social del 25,8%. De ahí la importancia de las ayudas públicas destinadas a familias en situación de vulnerabilidad ya que, en caso de eliminarse, la cesta de la compra podría incrementarse entre 350 y 501 euros anuales por hogar.
Al segmentar los datos, EAE Business School también ha descubierto importantes diferencias según el territorio: Extremadura, Andalucía y Canarias (comunidades productoras de alimentos) presentan tasas de riesgo de pobreza superiores al 30% y destinan más del 20% de su renta disponible a la alimentación, frente al 12% de Navarra o el País Vasco.
La investigación también ha profundizado en el cambio de hábitos saludables debido al encarecimiento de los alimentos, produciéndose una grave fractura nutricional. Así, el estudio constata que las familias han reducido la compra de proteína de alta calidad (como el pescado fresco y la ternera, que han caído cerca de un 12%) para refugiarse en carbohidratos baratos y procesados, cuyo consumo ha repuntado un 8%. En este sentido, la ‘cesta saludable’ se ha encarecido un 40% más que la ‘cesta de supervivencia’, condenando a las rentas bajas a una “dieta obesogénica” por necesidades económicas. Esta situación podría derivar en un incremento de los costes sanitarios a largo plazo por patologías asociadas a la mala alimentación.
“La despensa a presión. Radiografía de la inflación alimentaria en España (2015-2025)» de EAE Business School también analiza el sector de la distribución de la alimentación en España. El mercado se caracteriza por una alta concentración, ya que los cinco principales operadores controlan más del 50% de la cuota de mercado. Esta composición del sector fue determinante para contener el primer golpe inflacionario, compensándolo con mayores eficiencias logísticas, si bien también contribuye a la fijación de precios. Así, de media, un producto multiplica su precio por casi cuatro veces desde el campo hasta la mesa.










