La industria cárnica española reivindicó su peso económico y exportador durante la presentación de un estudio elaborado por AFI (Analistas Financieros Internacionales), pero el protagonismo de la jornada estuvo marcado por la preocupación creciente ante los obstáculos que afrontan las exportaciones, especialmente como consecuencia de las restricciones sanitarias impuestas por algunos países terceros.
Aunque el informe pone de manifiesto la fortaleza de un sector que factura más de 42.000 millones de euros en 2024 y genera un superávit comercial superior a los 8.492 millones, Giuseppe Aloisio, director general de ANICE, advirtió que «la fotografía actual podría deteriorarse en los próximos meses si persisten los cierres de mercados estratégicos». «Si la foto de este año es buena, la del año que viene no será igual», reconoció durante la presentación del informe, al referirse al impacto que están teniendo las restricciones derivadas de los problemas sanitarios detectados en determinadas zonas productoras.
La industria cárnica exportó en 2025 productos por valor de 12.360 millones de euros, una cifra que triplica las importaciones del sector y que representa aproximadamente uno de cada cuatro euros de las exportaciones agroalimentarias españolas. Según los datos presentados, más de 2.100 empresas participan en la actividad exportadora y el 62% lo hace de forma regular, lo que evidencia la consolidación internacional de la industria española.
Sin embargo, los representantes sectoriales alertaron de que la pérdida temporal de mercados tan relevantes como Japón o México puede tener consecuencias mucho más profundas que una simple caída coyuntural de las ventas.
El caso de Japón resulta especialmente significativo. El mercado japonés absorbió el año pasado cerca de 800 millones de euros en productos españoles, especialmente jamón ibérico, jamón curado y otros productos de porcino de alto valor añadido. La suspensión de las exportaciones supone no solo una pérdida inmediata de facturación, sino también el riesgo de que otros competidores ocupen espacios comerciales conquistados durante años.
«Todo lo que hemos perdido en exportaciones durante 2026 no lo recuperaremos aunque los mercados se reabrieran mañana«, advirtió Ignasi Pons. Secretario General de FECIC.
Recuperar clientes es más difícil que abrir mercados
Uno de los mensajes más repetidos durante el encuentro fue que las consecuencias de un cierre comercial no terminan cuando se levantan las restricciones. La experiencia reciente en Filipinas sirve de ejemplo. Aunque el mercado ha vuelto a abrirse, «las empresas españolas están encontrando dificultades para recuperar las posiciones que ocupaban anteriormente», comenta Pons.
Durante los meses de cierre, importadores y distribuidores buscaron proveedores alternativos, una situación que obliga ahora a reconstruir relaciones comerciales y recuperar cuota de mercado. El sector insiste en que los daños provocados por las restricciones sanitarias van mucho más allá de las pérdidas inmediatas de ventas y afectan directamente a la competitividad internacional de las compañías.
Los responsables de la industria identificaron la situación sanitaria como el principal desafío a corto plazo para la actividad exportadora. Las restricciones derivadas de enfermedades animales han provocado cierres de fronteras en distintos mercados internacionales, afectando especialmente a determinadas zonas productoras.
La preocupación es especialmente elevada en Cataluña, una comunidad que concentra alrededor del 18% del sacrificio nacional y desde donde sale aproximadamente el 17% de las exportaciones españolas de productos cárnicos.
Las empresas ubicadas en las áreas afectadas se enfrentan actualmente a una situación de desventaja competitiva frente a otras compañías españolas que sí pueden seguir exportando a determinados destinos internacionales.
Además, persiste la incertidumbre sobre la forma en que distintos países aplican los criterios de regionalización sanitaria. Mientras algunos mercados reconocen las zonas libres de enfermedad dentro de un mismo país, otros optan por cerrar completamente sus fronteras a los productos procedentes de todo el territorio nacional.
Un sector que reclama visibilidad
Más allá de los problemas coyunturales de exportación, la industria aprovechó la presentación del informe para reivindicar un mayor reconocimiento institucional. Los representantes sectoriales defendieron que la industria cárnica constituye una actividad estratégica para la economía española, no solo por su capacidad exportadora, sino también por su contribución al empleo, al desarrollo territorial y a la seguridad alimentaria.
El estudio cifra en más de 44.370 millones de euros la contribución total del sector a la economía española, equivalente al 2,8% del PIB nacional. Además, calcula que la actividad genera más de 2.800 millones de euros anuales para las arcas públicas.
El sector está formado por más de 3.000 empresas y emplea directamente a 124.442 trabajadores, manteniendo además un crecimiento de la afiliación superior al registrado por el conjunto de la economía.
Junto a los problemas sanitarios, la industria también señaló la creciente presión regulatoria como otro de los factores que pueden afectar a su competitividad internacional. Aloisio reclamó una mayor agilidad administrativa, facilidades para las inversiones industriales y un marco regulatorio que permita a las empresas seguir creciendo y reforzando su presencia en los mercados internacionales.
La petición de que la industria cárnica sea reconocida como sector estratégico responde precisamente a la necesidad de disponer de herramientas que faciliten su desarrollo y su capacidad exportadora.
En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, barreras comerciales y crecientes exigencias regulatorias, el sector considera que mantener abiertos los mercados exteriores será determinante para conservar una posición que ha convertido a España en una de las grandes potencias mundiales de producción y exportación de carne y productos cárnicos.
La principal preocupación ahora es evitar que las dificultades sanitarias actuales se traduzcan en una pérdida estructural de competitividad. Porque, como reconoció Pons durante la presentación del estudio, «recuperar un mercado internacional puede llevar años, pero perderlo puede ocurrir en cuestión de semanas».










