El II congreso Inversolar ha reunido a científicos de diferentes nacionalidades que, a través de sus intervenciones, han roto una lanza en favor de la agricultura bajo abrigo y han desmontado los prejuicios que existen en torno a este modelo agrícola. “Contrariamente a lo que se cree, utilizar tecnología permite producir de manera más eficiente, más respetuosa con el medioambiente y a precios más competitivos”, ha reconocido el catedrático de bioquímica y biología molecular, José Miguel Mulet.
Una idea secundada también por el divulgador alimentario Anthony Warner, quien asegura que “el futuro de la subsistencia pasa por una alimentación equilibrada con una amplia variedad de frutas y verduras de calidad y a precios competitivos. Tenemos ante nosotros el reto de producir más con menos suelo cultivable y eso requiere tecnología, intensificación y sostenibilidad. Y los invernaderos solares son un buen ejemplo de ello”.
“Estamos frente al importante reto de alimentar en 2050 a más de 10 billones de personas y tenemos que hacerlo en un entorno donde cada vez hay menos tierra cultivable y donde la protección y el respeto al medio ambiente es prioritario. Para lograr este reto sin precedente en la historia debemos hacer uso de la ciencia, la tecnología, la innovación y la cooperación internacional. Los invernaderos solares, sin duda, son la mejor forma de cumplir con este reto”, afirmó la presidenta de la Asamblea de las Regiones Europeas Hortofrutícolas, Simona Caselli.
En el congreso se ha defendido que los invernaderos son prácticamente la única opción para producir alimentos en los futuros viajes espaciales, gracias a que su atmósfera protectora permite controlar las condiciones de los cultivos hasta el mínimo detalle y optimizar al máximo los recursos”, ha afirmado el divulgador científico, Nahum Méndez.
Según datos facilitados por Ismahane Eluoafi, científica jefe en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), de media, los invernaderos multiplican por cinco la productividad del suelo y por siete la optimización del agua de los cultivos al aire libre. Además, “proporcionan seguridad alimentaria, gracias a ellos se está logrando mitigar los efectos del cambio climático, realizan un uso eficiente de los recursos y tienen un impacto social importante, ya que generan puestos de trabajo y mantienen a la industria auxiliar de la agricultura”.
“Debemos rendirnos a las evidencias científicas y no dejarnos llevar por los prejuicios a la hora de juzgar. Los invernaderos han sido muy demonizados, pero si analizamos la racionalidad de esas críticas veremos que gran parte de ellas son infundadas o carecen de consistencia”, ha reconocido la divulgadora científica Deborah García Bello.










